Sunday, August 24, 2014

Como el agua.




Fuimos al bar que había elegido yo. Me pedí un Negroni. F no sabía qué era. Pidió una caipirinha de maracuyá. El nombre del trago, el trago en si y el que haya dicho ‘caipi’ fueron cosas que me pusieron de malhumor. Pero igual me gustaba.
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Bikram yoga es una disciplina diferente a la de cualquier otro yoga. La razón principal es que se practica en una sala a 42° de temperatura. No hace falta tener experiencia previa, y lograr las posturas puede llevar un día, o cien, o toda la vida. No es lo que importa.
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Nos sentamos en la barra. A él lo incomodaba, a mi me hacía sentir en mi territorio. No sé por qué razón necesité eso. Creo que efectivamente, porque me encantó ni bien lo vi, y me sentí vulnerable. No lo miré a los ojos. Pedí un gintonic.
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Es necesario beber entre 3 y 4 litros de agua previos a la clase. No sirve tomar líquido un rato antes o durante la práctica. Es clave que la hidratación sea anterior, o el malestar es inminente.
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Pedí otro gintonic y un vaso de agua. F pidió uno también. No paraba de hablar, estaba nervioso y no lo ocultaba. Yo estaba un poco alcoholizada, pero en mis niveles acostumbrados. Me di cuenta que quería darme un beso y no encontraba el momento. Me reí. Yo también quería que me diera un beso.
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Una clase de Bikram dura 90 minutos. Son 26 posturas que se repiten dos veces. El profesor no hace posturas, sino que habla la clase completa, indicando qué hacer, segundo a segundo. Es un ejercicio de meditación activa, requiere máxima concentración. La única regla: no dejar la sala bajo ningún concepto. Lo único que hay que resistir son los 42°, el resto –la transpiración, el esfuerzo físico, los pensamientos-, son detalles.
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Me agarró la mano. Nos reímos los dos. Eran las dos de la mañana, era enero. Habíamos tomado y hablado demasiado. Le conté que había empezado bikram ese día, me dijo que estaba loca. Hacía calor. Nos fuimos del bar caminando. En la esquina paró y nos besamos.
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Utkatasana es la postura de la incomodidad. La número tres, del equilibrio. Aumenta la fuerza del cuerpo en general, fortalece y tonifica los músculos de las piernas, aumenta la flexibilidad en los dedos de los pies y los tobillos y alinea el sistema óseo.
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Cuando nos despedimos F seguía visiblemente nervioso. Yo también, pero no quería que se notara. Me dio un beso que me dejó pensando la semana entera que le siguió a ese día y que no escribió.
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El Negroni es un trago clásico de fines del 1800, que se prepara con una medida de rosso, una de Campari y una de ginebra. Se bebe en un vaso bajo, con una única pieza de hielo grande, para que el agua se vaya derritiendo progresivamente y el cocktail conserve su temperatura ideal durante más tiempo.
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Volvimos  a vernos unos meses después. Otra vez invitó él, otra vez elegí el bar yo, pero esta vez era otro. Esta vez, la visiblemente nerviosa era yo. Tomamos Negronis los dos, nos fuimos borrachos, nos besamos. Hacía frío, ya no era verano. Hablamos demasiado otra vez, nos mentimos. Otra vez no volvió a escribir. Me jodió. Después de F salí con un chico que tomaba whisky como agua, que me llevó a su casa, que no quise volver a ver. 
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La instructora de yoga repite que lo único importante es hacer, y soltar el resultado. Mientras tanto hace 42°, voy por la segunda postura y quiero huir.
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Una indicación de que un bar es un buen bar, es cuando sirven agua acompañando un coctél, aún sin que el cliente lo pida. El agua es fundamental para nivelar la deshidratación que causa el alcohol.
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La postura de camello o ustrasana abre y fortalece la caja torácica, pulmones y sistema respiratorio. Comprime la columna vertebral, aliviando problemas de espalda, liberando emociones y pensamientos. Casi todas las veces que la hago, me dan ganas de llorar.
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Bikram. Cincuenta clases después. No estoy especialmente elástica, ni bajé demasiado de peso, ni logré soltar nada. No volví a ver a F. No tomo el agua suficiente. Pero sigo yendo igual.

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