Monday, January 29, 2007

Meditación.


Amanece y la ciudad se tiñe de tonos rojizos, celestes, claros. Los edificios despiertan, los autos despiertan y en medio del bullicio que aún es susurro, cierro los ojos, me alejo.
Respiro. El aire que viaja me llena, me transporta a un rumbo que no puedo definir, pero que por alguna causa extraña, conozco. No de hoy, ni de ayer. Pertenece a algún pasado que está escondido en mí, y que renace con este aire que respiro.
Como si siempre lo hubiese sabido, siento que soy parte del Tiempo. Las paredes del departamento desaparecen, la luz de la ventana se funde y mi cuerpo se separa de mí, porque sigue ahí, sentado, inmóvil, en dirección hacia la luz, los ojos cerrados, pero yo salgo y viajo y atravieso el aire que no toco a una velocidad que no distingue formas.
La habitación era blanca pero ya no hay paredes, ahora el cielo se hunde en azul y el sonido es de río, de agua fría que corre entre piedras gastadas, de bosques viejos y mañanas claras. Soy Luz. Soy parte del Universo que está dentro y fuera de mí. Soy Tiempo. Soy un alma infinita, antes presa de sucesivas reencarnaciones, hoy libre. Recorro una cadena de causalidades, de vidas que llegaron y se fueron, de cuerpos por los que pasé sin entender, hasta que finalmente entendí.
Soy Luz. Soy Universo. Soy Tiempo.
Soy Alma.
El aire regresa a mí y me traspasa. El susurro se hace bullicio, la luz quema los ojos, las paredes blancas, el departamento. La ciudad crece con una rapidez inexplicable mientras regreso al mundo que me toca ver esta vez. Despierto a la realidad, a la rutina que ata al cuerpo.

Renaceré una mañana, lo sé.

1 comment:

  1. Si hay algo que aprendí es que alejarse para meditar dura poco. Mejor es vivir meditando.

    Jorge

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